En el crudo invierno de 1914, el tedio de la eternidad empuja al Rey de las Tinieblas a abandonar su reino para caminar entre nosotros. Oculto bajo la identidad de Henry Wanderwood, un excéntrico multimillonario estadounidense, Satanás pisa la Tierra con la intención de divertirse en el gran teatro del mundo. Sin embargo, pronto descubre que su nueva maquinaria de carne mortal es una prisión asfixiante. El compás de su propio corazón se convierte en un reloj inexorable que le susurra un terror hasta entonces desconocido para él: la fragilidad, el miedo a la oscuridad y la escalofriante sombra de la muerte.
En su deambular por una Europa que aguarda al borde del colapso, los pasos del ángel caído lo conducen hasta la sombría y silenciosa campiña romana. Allí se encontrará con dos enigmáticas figuras que alterarán por completo su naturaleza. Por un lado, Tomás Magnus, un misántropo envuelto en un aura de maldad refinada y secretos insondables; por otro, su hija María, cuya belleza sobrenatural y pureza casi divina despiertan en el protagonista un sentimiento que amenaza con anular su cinismo milenario. Despojado progresivamente de su omnipotencia y embriagado por las pasiones humanas, el antiguo señor del infierno se adentrará ciegamente en un intrincado laberinto de falsas devociones.
En un siglo dominado por la lógica implacable y el nihilismo, el Diablo descubre con horror que el infierno es un lugar de aficionados comparado con la capacidad del hombre para la traición, la hipocresía y la crueldad organizada.